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ARTISTAS

Hector Llamazares: La Visión A Largo Plazo

  • Sergio Niño
  • 2 September 2026
Hector Llamazares: La Visión A Largo Plazo

Tras casi dos décadas de trayectoria tras las cabinas, Hector Llamazares se muestra cada vez más interesado en lo que perdura más allá del ruido que rodea a la industria. No en la vorágine acelerada de lanzamientos, anuncios y fines de semana medidos en salas de abordaje, sino en los procesos más pausados: saber cuándo un track está realmente terminado, entender qué elementos encajan en un set, proteger un domingo en familia y llegar a un destino sin sentir que el trayecto ya te ha desgastado.

Ese Sentido de la medida atraviesa Chasing The Skyline, el EP de cinco canciones con el que además presenta Romantina, su nuevo sello discográfico. El proyecto llega sin la ansiedad de anunciar una reinvención forzada; por el contrario, se percibe como la consecuencia natural de años refinando un lenguaje propio y seleccionando cuidadosamente los elementos que aún conservan valor.

“No tenía prisa por lanzarlo; simplemente quería darle el tiempo que necesitaba”.

Esa afirmación sintetiza la postura actual de Llamazares. La música electrónica opera a un ritmo que a menudo convierte a la paciencia en un acto de resistencia. Las canciones circulan antes de asentarse, se exige a los artistas mantener un flujo constante de contenido y un nuevo sello puede convertirse fácilmente en una exigencia más de producción. Romantina parte de una premisa distinta.

“Nunca produzco pensando en tendencias o con la intención de lanzar música lo más rápido posible”.

La distinción es clave. Chasing The Skyline no gira en torno a un solo estado de ánimo repetido a lo largo de cinco cortes; su coherencia radica en su propósito. Aunque cada tema está diseñado para la pista de baile, Llamazares aborda la pista como un espacio de dinámicas cambiantes en lugar de un entorno uniforme.

‘Feeling’ representa el lado más abierto y emotivo del disco. Llamazares buscaba crear una pieza atemporal sin perder el marco contemporáneo, un track capaz de adaptarse a distintos momentos dentro de una sesión. Por su parte, ‘Tarantula’ incrementa la intensidad, adentrándose en el terreno de transición entre el house y el techno.

“Nunca he sentido la necesidad de repetir la misma fórmula”.

Esa resistencia a la repetición define los primeros contornos de Romantina. La identidad del sello no se establece mediante un manifiesto sonoro rígido, sino a través de la preferencia del artista por el contraste, siempre que el material mantenga una lógica interna.

“Prefiero que cada track tenga su propia personalidad y propósito”.

Lanzar una discográfica en este punto de su carrera resulta revelador. Mientras que para un artista emergente la independencia suele ser una aspiración a futuro, para Llamazares llega respaldada por la experiencia acumulada: años observando la dinámica de la música en los clubes, entendiendo qué perdura tras el paso de una temporada y reconociendo la diferencia entre lo inmediato y lo duradero.

Por ello, Romantina se percibe menos como una proclama de independencia y más como una estructura para organizar el universo sonoro que ha construido a lo largo de los años.

Ese mismo criterio guía su trabajo como DJ. La preparación es fundamental, pero el control tiene sus límites. Antes de viajar, Llamazares se toma su tiempo: procura descansar adecuadamente durante la semana, evita las prisas en la medida de lo posible y revisa la música que contempla pinchar. Sin embargo, al llegar a la cabina, deja espacio para la improvisación.

“A menudo termino cambiando de opinión una vez que estoy frente al público”.

Esa flexibilidad se consolida tras años de lectura de pista, identificando el momento exacto en que el instinto debe prevalecer sobre la estructura planificada. Los sets de Llamazares no se presentan como exhibiciones estáticas; su carácter surge de una negociación constante entre la selección preparada y la respuesta de la sala, combinando paciencia, tensión, familiaridad y sorpresa.

La más reciente edición de Aquasella ofreció esa dinámica a gran escala. Llamazares lo describe como el público más numeroso ante el que ha actuado, aunque lo más significativo no fue el volumen de la convocatoria, sino la conexión lograda.

“Sentí que una gran parte del público ya sabía lo que iba a encontrar en mi set”.

Para un artista con casi dos décadas de rodaje, esa complicidad resulta más valiosa que la novedad. Implica que la audiencia ha comprendido los matices de su perfil musical sin que este vuelva predecible. Llamazares considera que su sonido se encuentra en un punto de notable madurez.

“Sinceramente siento que estoy en el mejor momento creativo en mucho tiempo”.

En este contexto, la claridad no implica reducir el espectro. Chasing The Skyline sugiere lo contrario: un marco sólido donde conviven distintas influencias.

Esa confianza también transforma el significado de regresar a casa. Su próximo debut en el formato elrow tendrá lugar en Oviedo, ciudad donde no se presenta desde hace cuatro años. Tras años de giras, actuar en la ciudad natal conlleva una tensión particular. Las dinámicas de viaje suelen ampliar la geografía de un artista mientras reducen la frecuencia de las fechas locales en el calendario profesional. Regresar siempre implica una experiencia distinta a permanecer.

Fuera de la agenda de shows, la rutina de Llamazares se vuelve deliberadamente más pausada.

Al preguntarle qué necesita cuando los clubes, aeropuertos y estudios quedan en segundo plano, su respuesta es directa: Pilar, su familia y sus amigos cercanos. Su domingo libre ideal mantiene esa misma sencillez; su reciente cumpleaños sirvió como ejemplo: una comida familiar que se extendió durante horas entre conversación y sobremesa, sin atender al reloj.

“No necesito nada fuera de lo común”.

Esa simplicidad equilibra una vida laboral definida por la movilidad constante, la toma rápida de decisiones y las dinámicas emocionales propias de la industria.

“Este trabajo es una montaña rusa emocional”.

Llamazares no romantiza esa inestabilidad ni pretende haber resuelto por completo la desconexión con el trabajo. Los compromisos persiguen al artista: surgen noticias, los planes cambian y las expectativas varían. Su enfoque se ha orientado paulatinamente hacia la gestión de los factores bajo su control directo.

Esa premisa se refleja en su discurso. Evita el estrés innecesario antes de un show, preserva el tiempo personal en casa y rechaza forzar lanzamientos en el estudio únicamente para cumplir con un calendario preestablecido.

“Con los años he aprendido a enfocarme en las cosas que puedo controlar y no gastar energía en todo lo demás”.

Más que una actitud contemplativa, se trata de una disciplina desarrollada con el tiempo. Una carrera prolongada en la música electrónica exige convivir con ciertas contradicciones: la espontaneidad requiere preparación previa, la independencia conlleva responsabilidad, las giras ofrecen experiencias de alto impacto a costa de la rutina cotidiana, y la pista de baile demanda inmediatez mientras que la música perdurable suele surgir de procesos más pausados.

Llamazares asume esas dinámicas con naturalidad.

Romantina llega en ese punto de madurez. Su primer lanzamiento no busca resumir su trayectoria ni romper drásticamente con ella. Los elementos característicos de su sonido permanecen, integrando matices explorados recientemente. El sello funciona como una plataforma para desarrollar esa búsqueda sin encasillarla en una sola etiqueta.

“Prefiero dejar que cada track encuentre su lugar y lanzarlo cuando realmente se sienta como parte de un trabajo completo”.

Actualmente, el panorama para Llamazares se muestra dinámico. Chasing The Skyline ya se encuentra disponible, su paso por Aquasella ha marcado uno de los hitos de mayor convocatoria en su carrera y su presentación con elrow en Oviedo está confirmada. Sin embargo, el aspecto central de este periodo radica en cómo aborda estos logros: no como un punto de llegada, sino como parte del proceso.

Tras años entre cabinas, estudios y traslados, la inercia de la industria puede convertirse en una exigencia constante. Llamazares opta por un enfoque más reflexivo: la preparación necesaria para definir la dirección, la experiencia suficiente para adaptarse a la pista y la paciencia para permitir que los proyectos se desarrollen a su propio ritmo.

“Después de tantos años, esa conexión con la gente es probablemente la parte más gratificante de lo que hago”.

El resto puede tomarse el tiempo que requiera.

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