Construyeron una marca que lleva experiencias musicales de primer nivel a ciudades con poca oferta de eventos.
Adam Lynn y Zach Ruben no construyeron Breakaway siguiendo las mismas ciudades, los mismos públicos ni las fórmulas tradicionales de festivales. Apostaron por lugares donde los grandes artistas de gira rara vez llegaban, transformaron ciudades universitarias en destinos para la música electrónica y desarrollaron una de las plataformas independientes de eventos en vivo más ambiciosas de Norteamérica. Hoy, con operaciones que abarcan festivales, conciertos, management de artistas y lanzamientos musicales, sus fundadores buscan descubrir hasta dónde puede crecer Breakaway sin perder la visión que le dio sentido desde el principio.
El circuito de festivales estadounidense siempre ha sido extremadamente repetitivo.
Los artistas más importantes pasan de una gran ciudad a otra. Los promotores compiten por los mismos públicos, los mismos presupuestos de patrocinio y los mismos fines de semana disponibles. A menudo, los nuevos eventos se lanzan en mercados que ya están saturados de propuestas de entretenimiento. Cada uno promete una experiencia diferente, mientras intenta conquistar prácticamente a la misma audiencia.
Adam Lynn y Zach Ruben encontraron mayor valor en los espacios que nadie estaba aprovechando.
Antes de que Breakaway se convirtiera en un festival itinerante de alcance nacional, ambos ya estaban desarrollando una estrategia enfocada en ciudades que la industria de los conciertos solía ignorar. Su atención estaba puesta en ciudades universitarias y mercados más pequeños, donde existía demanda, pero la infraestructura necesaria para recibir grandes giras todavía no se había desarrollado.
“Si volvemos al origen, incluso antes de que existiera Breakaway, cuando todavía éramos Prime Social Group, toda la idea que Zach y yo teníamos era llevar conciertos a mercados pequeños y ciudades con poca oferta de eventos”, explica Lynn. “Principalmente a ciudades universitarias, porque los grandes artistas de gira no se presentaban en esos mercados”.
La idea era sencilla. Los públicos jóvenes de Columbus, Charlotte y otras ciudades universitarias del Medio Oeste querían acceder a los mismos artistas, producciones y experiencias en vivo que estaban disponibles en Nueva York, Miami, Los Ángeles o Chicago. La industria había asumido, en gran medida, que si esas audiencias estaban lo suficientemente interesadas, podían viajar para disfrutar de esos espectáculos.
Breakaway decidió llevarles la experiencia directamente.
“Cuando surgió el concepto de Breakaway, quisimos mantener esa misma filosofía”, señala Lynn. “Aunque los mercados fueron creciendo en tamaño, seguimos enfocados en aquellos con poca oferta de eventos. Preferimos llevar una experiencia de esta magnitud a lugares donde normalmente no tienen acceso a algo así”.
La estrategia comenzó a tomar forma en Ohio y luego se expandió hacia Michigan, Carolina del Norte y Nashville. Actualmente, Breakaway opera en 13 ciudades y todavía tiene margen para seguir creciendo. Los mercados pueden haberse vuelto más grandes, pero la lógica sigue siendo la misma.
“Comenzamos en ciudades universitarias y, después de todos estos años, estamos en ciudades un poco más grandes, pero seguimos trabajando bajo la misma idea”, explica Lynn.
Esa filosofía se convirtió en la identidad de Breakaway. El festival no llega a una ciudad como una marca nacional desconectada de su entorno, recauda dinero con la venta de entradas y desaparece. Toda su reputación depende de comprender lugares que los grandes promotores todavía consideran secundarios.
La compañía construyó su crecimiento desde los mercados periféricos hacia los principales.
ANTES DE QUE LA INDUSTRIA SE DÉ CUENTA
Lynn y Ruben han dedicado buena parte de sus carreras a identificar artistas antes de que sus honorarios, audiencias y expectativas dentro de la industria se disparen. Esa capacidad suele describirse como intuición, aunque generalmente surge de años de observar cómo se desarrollan los artistas cuando todavía están lejos de los grandes reflectores.
El talento por sí solo no es el factor decisivo.
Ruben destaca a los artistas dispuestos a salir de los circuitos de gira más habituales, presentarse en mercados en desarrollo y construir su público cara a cara, en lugar de depender exclusivamente del impulso digital.
“Los artistas que realmente invierten en salir de gira y presentarse en distintas ciudades, especialmente en mercados con poca oferta, parecen tener una trayectoria más sostenible y, en general, una mejor carrera”, afirma. “Obviamente, eso tiene que estar respaldado por música, lanzamientos y la construcción de una comunidad de fans. Los resultados de ese trabajo se ven con el tiempo”.
Los artistas que logran mantenerse vigentes rara vez son aquellos que consideran que las primeras giras están por debajo de su nivel. Se presentan en espacios donde la infraestructura no es perfecta, viajar resulta incómodo y el mercado todavía no tiene un prestigio evidente. Esos shows generan un tipo de lealtad que no puede construirse únicamente mediante campañas pagas o posicionamiento en playlists.
La historia de Breakaway está llena de artistas a los que apostaron antes de que el resto de la industria comprendiera completamente lo que estaba por venir.
“Avicii se destaca como una de nuestras primeras historias de éxito”, recuerda Ruben. “Me acuerdo de haber contratado a The Chainsmokers por 1.500 dólares para una fiesta en Columbus. Steve Aoki estuvo en nuestra primera gira. Una de las primeras veces que Adam y yo trabajamos juntos fue en una gira en autobús llamada Steve Aoki Goes to College, en 2010”.
Hoy, esas historias suenan casi absurdas. The Chainsmokers por 1.500 dólares. Avicii antes de que la magnitud de su influencia fuera evidente. Aoki recorriendo ciudades universitarias antes de que la primera gran ola comercial de la música electrónica en Estados Unidos alcanzara su punto máximo.
En aquel momento, nada de eso estaba garantizado.
Detectar a un artista en sus primeras etapas no es lo mismo que descubrir un proyecto completamente desarrollado. Significa reconocer su potencial antes de que la producción, la audiencia y el contexto cultural terminen de alinearse. También implica aceptar que algunas apuestas no van a funcionar y comprender que los artistas que finalmente alcanzan el éxito rara vez lo hacen siguiendo un calendario predecible de la industria.
Breakaway creció junto a varios de ellos.
DE UN FESTIVAL MULTIGÉNERO A UNA APUESTA TOTAL POR LA MÚSICA ELECTRÓNICA
Breakaway no nació como un festival dedicado exclusivamente a la música electrónica.
Sus primeros lineups reflejaban la diversidad de intereses de la cultura joven estadounidense de aquel momento. El hip hop, el indie, el pop y la música electrónica compartían cartel. Kendrick Lamar, Travis Scott, Future, Migos, Halsey, Twenty One Pilots y Empire of the Sun formaron parte del festival durante su etapa multigénero.
“Breakaway comenzó como un festival multigénero”, explica Lynn. “En nuestros primeros lineups tuvimos a Kendrick Lamar, Empire of the Sun, Twenty One Pilots, Travis Scott, Future, Migos y Halsey”.
Entonces llegó el COVID y la industria de los eventos en vivo se detuvo por completo.
Para los festivales, la pandemia fue catastrófica. Las giras desaparecieron, hubo recortes de personal, los venues cerraron y prácticamente todas las certezas sobre las que funcionaba el negocio de los espectáculos quedaron en duda. Sin embargo, esa pausa también obligó a los promotores a replantearse qué debían representar sus marcas cuando el mercado regresara.
Lynn y Ruben aprovecharon la interrupción para redefinir Breakaway.
“Cuando llegó el COVID, surgió la oportunidad de replantear muchas cosas”, explica Lynn. “Toda la industria del entretenimiento en vivo tuvo que reinventarse, y eso nos dio la posibilidad de redefinir Breakaway como marca”.
La música electrónica evolucionó rápidamente durante el aislamiento. Nuevos productores surgieron a través de transmisiones en vivo, comunidades digitales y una audiencia global que pasaba cada vez más tiempo frente a las pantallas. Algunos nombres comenzaron a ganar relevancia sin pasar por el circuito tradicional de giras, mientras los oyentes más jóvenes se acercaban cada vez más a la música dance.
John Summit fue uno de los ejemplos más claros.
“El COVID fue un período importante para la música dance”, señala Lynn. “Mucha gente estaba frente a sus computadoras y surgieron grandes talentos nuevos, con John Summit como uno de los ejemplos más evidentes”.
Para 2021, las señales eran imposibles de ignorar. Los embajadores universitarios, influencers y públicos más jóvenes de Breakaway mostraban un interés cada vez mayor por la música electrónica. Lynn y Ruben decidieron apostar por completo al género.
“Zach y yo decidimos enfocarnos totalmente en la música dance”, explica Lynn. “Estábamos viendo las tendencias y siempre tuvimos una buena percepción de lo que sucede entre los públicos más jóvenes”.
Después de la pandemia, Breakaway se convirtió en un festival 100% electrónico.
Fue una apuesta, pero no una decisión tomada a ciegas.
“Cada vez más de nuestros embajadores universitarios e influencers se estaban inclinando hacia la música dance”, señala Lynn. “Después del COVID, Breakaway pasó a tener un formato completamente electrónico y creo que acertamos con la decisión”.
En Estados Unidos, la música electrónica ya no está limitada a una subcultura especializada. Su lenguaje de producción atraviesa actualmente el pop, el hip hop, el fitness, los videojuegos, la publicidad y las redes sociales. La audiencia se amplió mucho más allá de los fanáticos de los clubes y los asistentes habituales a festivales.
“Estamos viendo cómo el EDM y la música dance siguen creciendo, no solo como un subgénero, sino también como una tendencia dentro del pop”, explica Lynn. “Se está convirtiendo en música que los jóvenes y sus padres pueden escuchar juntos. Ya no se trata únicamente de la faceta underground del género. Realmente se está transformando en lo que escucha el público en general”.
Esa expansión hacia el mainstream transformó el modelo económico de Breakaway. La cantidad de asistentes creció en lugares que antes eran considerados mercados limitados para los festivales. Las marcas comenzaron a sentirse más cómodas invirtiendo en música electrónica. El alcance cultural del género ahora permite sostener el tipo de plataforma nacional que Lynn y Ruben llevaban años construyendo.
“El tamaño de la audiencia aumentó significativamente, incluso en ciudades más pequeñas como Columbus, Minneapolis y Tampa”, señala Lynn. “También estamos viendo un interés mucho mayor por parte de las marcas. Ha sido muy emocionante para nosotros”.
Lynn y Ruben ya presenciaron dos grandes explosiones de la música dance en Estados Unidos.
La primera llegó a principios de la década de 2010, cuando el EDM pasó a ocupar un lugar central en la cultura pop estadounidense y artistas como Calvin Harris, Tiësto, Avicii, NERVO y Steve Aoki alcanzaron audiencias enormes.
“La música dance tuvo un momento muy importante en Estados Unidos a principios de la década de 2010, cuando contratamos por primera vez a Calvin Harris, Avicii, Tiësto, NERVO, Aoki y todos esos artistas”, recuerda Lynn.
La segunda está ocurriendo ahora.
“Estamos en 2026 y la música dance prácticamente domina la escena”, afirma. “Coachella publicó recientemente unas estadísticas impresionantes. Casi la mitad de todos los artistas contratados para 2026 eran de música electrónica. Si miráramos esos números hace diez años, probablemente representarían apenas una fracción de eso”.
Breakaway se encuentra en el centro de esa expansión, pero sin abandonar las ciudades donde construyó su audiencia original.
EL NIVEL DE EXIGENCIA AUMENTÓ
El problema de ofrecer a las audiencias acceso a más festivales es que rápidamente aprenden a reconocer qué hace que un festival sea bueno.
Cuando Breakaway llegó por primera vez a mercados como Columbus, Charlotte y Michigan, la simple existencia del evento ya representaba una novedad. Muchos asistentes estaban viviendo su primer festival de gran escala. Las expectativas eran diferentes porque había menos propuestas locales con las cuales compararlo.
Eso cambió.
“Cuando comenzamos con Breakaway, la idea de que un festival llegara a Columbus, Ohio, Charlotte o Michigan era algo nuevo”, explica Lynn. “Con el paso del tiempo, los festivales se volvieron más populares, lo que significa que los asistentes ahora van a muchos otros eventos, no solamente a Breakaway”.
Breakaway ya no es evaluado únicamente frente a otros eventos regionales. Su público viaja, asiste a festivales internacionales, observa diseños de escenarios de todo el mundo y consume una cantidad interminable de videos de grandes producciones en redes sociales.
Incluso una marca nacional que opera en un mercado con poca oferta de eventos debe ofrecer una experiencia del más alto nivel.
“Lo que comenzó como una propuesta diseñada para mercados pequeños ahora exige que mantengamos un estándar mucho más alto como evento”, señala Lynn. “Si comparás únicamente el escenario y la producción de 2018 con los de 2026, prácticamente no reconocerías el festival”.
La evolución de la producción no responde solamente a las expectativas del público. Los artistas ahora llegan con sus propios requisitos técnicos, propuestas visuales y exigencias relacionadas con la escala de los escenarios. Un festival que busca contratar talentos importantes debe estar preparado para cumplir con esas demandas.
“Realmente tuvimos que crecer y adaptarnos al mercado”, explica Lynn. “No se trata solamente de las expectativas de los fans, sino también de las de los artistas y del nivel de producción que buscan”.
El desafío de Breakaway consiste en ofrecer ese nivel de producción sin convertir el precio de las entradas en un lujo.
“Aunque seguimos trabajando en estos mercados pequeños y somos muy conscientes de la importancia de mantener los precios de las entradas bajos, seguimos invirtiendo muchísimo para ofrecer una experiencia de primer nivel, comparable con la que la gente encuentra en algunos de los festivales más importantes del país”, señala Lynn.
Mantener ese equilibrio financiero se vuelve más difícil cada año. Los honorarios de los artistas aumentan. Los costos de producción crecen. Los seguros, el personal, los viajes y la infraestructura son cada vez más caros. La respuesta de Breakaway ha sido aumentar la asistencia sin renunciar a los precios accesibles.
“Estamos contentos y entusiasmados de haber logrado que el modelo financiero siga funcionando con entradas accesibles y en mercados más pequeños, a pesar de la magnitud de nuestra producción”, explica Lynn. “Esto tiene que ver con el crecimiento de nuestra comunidad de fans y de la audiencia. Estamos registrando niveles de asistencia mucho más altos que nunca”.
Sin embargo, crecer también implica otro riesgo. Un festival puede volverse más grande y, al mismo tiempo, perder su carácter cercano.
UNA GIRA NACIONAL CON IDENTIDAD LOCAL
Breakaway funciona como una marca nacional, pero Ruben se resiste a la idea de que cada edición deba sentirse como una misma estructura itinerante instalada en una ciudad diferente.
La relación de la compañía con los equipos locales es fundamental para evitarlo.
“Creo que tiene mucho que ver con nuestra conexión con el mercado local y con el evento en sí, además del nivel de participación directa de todo nuestro equipo, desde los principales directivos hasta cada nueva incorporación”, explica Ruben.
Esa participación interna permite que cada integrante sienta que aporta algo propio a la experiencia final.
“Todos tienen la oportunidad de dejar su propia huella en la identidad del evento”, agrega.
Los promotores locales, venues y colaboradores operativos no son tratados simplemente como contratistas encargados de ejecutar un manual de instrucciones nacional. Su conocimiento de la ciudad influye en cómo se desarrolla, promociona y experimenta cada evento.
“Hicimos un gran trabajo construyendo relaciones con colaboradores locales, promotores y venues en todos nuestros mercados, integrándonos y formando parte de esas comunidades”, explica Ruben.
El resultado es un formato capaz de crecer sin convertirse en una propuesta completamente genérica.
“Aunque somos una gira nacional y una marca de alcance nacional, cada evento se siente personal y la experiencia mantiene cierta intimidad”.
Esa cercanía es relativa. Breakaway no es una fiesta en un sótano ni un evento en un club pequeño. Involucra grandes escenarios, producciones de alto nivel, artistas reconocidos y miles de asistentes. La conexión surge de lograr que el festival sea relevante para la ciudad que lo recibe, en lugar de parecer un evento corporativo que simplemente ocupa un espacio durante unos días.
La identidad local no tiene por qué desaparecer cuando una compañía crece. Desaparece cuando el crecimiento se vuelve más importante que prestar atención a los detalles.
CONSTRUYENDO UN ECOSISTEMA COMPLETO
Hoy, Breakaway va mucho más allá de los festivales.
La compañía opera en conciertos, management de artistas, lanzamientos musicales, contenido y medios de comunicación, creando un sistema más amplio alrededor de los artistas y las audiencias que participan en sus eventos.
Para Lynn, la lógica parte de la comunidad que Breakaway ya construyó.
“Gracias a la marca y la comunidad que desarrollamos, podemos generar mucho más valor y ofrecer mejores servicios tanto a nuestros fans como a los artistas con los que trabajamos”, explica.
La relación que se genera en un festival es temporal por naturaleza. Un artista toca durante una hora. Un fan asiste durante un fin de semana. Una marca realiza una activación durante el evento. Después, todos siguen su camino.
Las nuevas áreas de negocio permiten que esas relaciones continúen.
“Al expandirnos hacia nuevas áreas y generar más oportunidades, ya sea para los artistas o para que nuestros fans conecten con ellos y descubran nuevos talentos, también permitimos que el público interactúe con nuestra marca a través de medios, contenido y mucho más”, señala Lynn. “Las marcas también pueden colaborar con nosotros de maneras menos tradicionales, más allá de los propios eventos”.
Este modelo transforma a Breakaway de una compañía de eventos en una plataforma activa durante todo el año.
Para los artistas, puede significar pasar de una contratación en un festival a un lanzamiento discográfico, un acuerdo de management, una campaña de contenido o una futura oportunidad de gira. Para los fans, genera nuevas posibilidades de descubrir música más allá de los anuncios de lineups. Para las marcas, representa acceso a una comunidad que existe más allá de un fin de semana de festival.
La oportunidad es evidente. El riesgo también.
Cada nueva unidad de negocio genera mayor complejidad, más necesidades de inversión y más posibilidades de perder el foco. Los fundadores de Breakaway ahora enfrentan un problema que habría parecido lejano durante los primeros años de la compañía: tener demasiadas oportunidades viables.
APRENDER A DECIR QUE NO
Expandir un negocio de eventos en vivo exige tomar decisiones difíciles sobre el personal, buscar financiación constantemente y mantener una tolerancia al riesgo casi permanente. Sin embargo, Ruben asegura que las decisiones más exigentes suelen estar relacionadas con establecer prioridades.
“Las decisiones más difíciles, dejando de lado los problemas cotidianos de contratación, despidos y búsqueda de financiación, tienen que ver con priorizar o elegir qué oportunidades vamos a aprovechar”, explica.
Breakaway ya superó la escala que sus fundadores habían imaginado originalmente.
“Cuando Zach y yo comenzamos hace una década, teníamos un plan sobre cómo queríamos que fuera Breakaway cuando creciera. Hoy superamos ampliamente todo lo que imaginábamos”, señala Lynn. “Ahora estamos en una posición favorable. Ya superamos el objetivo que nos habíamos propuesto”.
Alcanzar ese punto los obligó a replantear el plan.
Crecer ya no puede significar aceptar todas las ciudades, conceptos o colaboraciones disponibles. La compañía tiene que proteger lo que ya construyó.
“Tenemos que pensar cómo mantener la marca, evitar expandirnos más allá de nuestras capacidades y seguir creciendo de manera responsable”, explica Lynn.
Sus personalidades diferentes ayudan a gestionar esa tensión.
“Somos como el yin y el yang”, comenta Lynn. “Zach es muy responsable y a mí me gusta apuntar a lo más alto. Por eso hemos sido buenos socios comerciales durante tanto tiempo”.
No faltan posibles caminos. Breakaway podría lanzar festivales de nuevos géneros, ingresar a mercados internacionales, ampliar su división de management, fortalecer su sello discográfico o explorar otros formatos de eventos en vivo.
“Hay oportunidades: festivales de nuevos géneros, oportunidades internacionales, nuevos mercados, management y muchas otras cosas”, explica Lynn. “Queremos seguir creciendo y expandiéndonos de una manera inteligente y bien pensada”.
Para Lynn, el verdadero desafío del liderazgo es saber contenerse.
“Ese ha sido, al menos para mí, el mayor desafío: ser capaz de decir que no”.
Los fundadores también ocupan posiciones diferentes dentro de la compañía.
“El liderazgo se ve un poco diferente para Zach y para mí”, señala Lynn. “Zach siempre fue quien coordina el juego desde adentro, mientras que yo fui la voz y la visión hacia el exterior”.
El rol de Lynn consiste en comunicar la evolución del proyecto al mercado, los socios y la industria en general. Ruben, por su parte, se enfoca en construir una estructura interna lo suficientemente sólida como para que el liderazgo no dependa exclusivamente de los fundadores.
“Lo que aprendí sobre liderazgo es la importancia de darles a las personas la posibilidad de liderar y desempeñar sus funciones, empoderar a otros líderes y seguir fortaleciendo los pilares fundamentales que nos permitieron llegar hasta donde estamos”, explica Ruben.
Un fundador que no puede delegar el control termina convirtiéndose en el límite de crecimiento de su propia compañía. La próxima etapa de Breakaway dependerá de si su cultura de liderazgo puede expandirse con la misma eficacia que sus escenarios.
EL FESTIVAL QUE ABRE LAS PUERTAS A UNA NUEVA GENERACIÓN
La cultura joven actual consume entretenimiento a través de una combinación interminable de formatos físicos y digitales. Los festivales ya no compiten solamente con otros festivales, sino también con exposiciones inmersivas, eventos organizados por creadores de contenido, experiencias pop-up, entretenimiento deportivo y cualquier nuevo formato capaz de captar la atención del público.
“El entretenimiento basado en experiencias probablemente esté en su punto más alto, y seguramente hoy exista más oferta que nunca”, señala Ruben.
Esa abundancia aumenta las expectativas, pero también refuerza el valor de la conexión presencial. Las audiencias pasan cada vez más tiempo de sus vidas conectadas, mientras buscan motivos más intensos para salir de ese entorno digital.
El papel de Breakaway suele ser ofrecer el primer gran acercamiento a la cultura de los festivales.
“Siempre consideramos a Breakaway como el festival de entrada a este mundo”, explica Lynn. “Aunque muchos de nuestros asistentes después van a otros festivales, frecuentemente somos el primero que experimentan”.
Esa primera experiencia importa.
Un nuevo asistente ingresa a un espacio que cuenta con un enorme escenario principal, un segundo escenario, una silent disco, zonas de vendedores, producciones de gran escala y activaciones de marcas. Para quienes tienen experiencia asistiendo a festivales, estos elementos pueden resultar familiares. Para alguien que descubre ese universo por primera vez, la magnitud puede ser impactante.
“Quedan realmente impresionados porque es la primera vez que viven algo así”, comenta Lynn.
La compañía quiere que esa primera reacción se transforme en una relación duradera.
“Esperamos que les guste tanto que quieran volver, asistir a otro Breakaway ese mismo año y regresar cuando el festival vuelva a su ciudad al año siguiente”, explica Lynn.
La sensación que buscan generar es clara.
“Queremos dejar a los fans con una mezcla de sorpresa y asombro”.
La tarea más difícil es recrear esa reacción en quienes ya asistieron anteriormente.
“Seguimos mejorando el festival año tras año, para que incluso si regresás por segunda, tercera o hasta después de más de diez ediciones de Breakaway, vuelvas a sentir esa misma sorpresa y asombro cada vez que entrás”, señala Lynn.
Ruben le otorga la misma importancia a lo que sucede entre las personas dentro del evento.
“Se trata de integrar y fortalecer nuestra comunidad Breakaway”, explica. “Si vas a nuestro evento por primera vez, idealmente con un grupo de amigos, o incluso si vas solo y conocés gente ahí, queremos que reconozcas que este es un espacio para conectar con personas que comparten tus intereses”.
Quizás ese sea el legado más importante de Breakaway.
No se trata simplemente de haber creado festivales en ciudades que la industria subestimaba, sino de haber demostrado que esos lugares contaban con audiencias reales, comunidades auténticas y suficiente demanda como para sostener una propuesta mucho más grande que una alternativa regional de menor escala.
Lynn y Ruben no esperaron a que el potencial de esos mercados se volviera evidente.
Fueron los primeros en apostar por ellos.
