Briela Veneno: aprendiendo a empezar de nuevo
Empezar de nuevo rara vez es tan romántico como a la música electrónica le gusta imaginar. Las nuevas ciudades prometen posibilidades, pero también exigen repetición. Nuevas salas. Nuevas presentaciones. Nuevas escenas que todavía no tienen razones para confiar en ti. Lo que desde fuera parece movimiento, a menudo desde dentro se siente como reconstrucción.
A los 24 años, Briela Veneno ya ha aprendido a empezar varias veces de nuevo. Después de establecerse dentro del panorama electrónico colombiano, actuando en festivales como Baum Festival, Estéreo Picnic y EDC Colombia, llevó su sonido más allá de Sudamérica, girando por Europa antes de establecerse finalmente en España. Cada movimiento requirió un tipo diferente de ajuste. No solo profesional, sino también personal.
Sin embargo, lo que destaca en su historia es la ausencia de nostalgia. Rara vez habla de la migración como pérdida. En cambio, la describe como un proceso de expansión.
"La migración ha sido, ante todo, una experiencia profundamente transformadora de autoexploración y autodescubrimiento", dice. "Estar en una posición donde tienes que empezar desde cero y depender completamente de ti mismo inevitablemente saca a relucir tu capacidad de crear, adaptarte y encontrar soluciones para cada desafío que surge".
Esa sensación de autosuficiencia atraviesa todo lo que describe. La incertidumbre es real. También lo son las frustraciones. Pero el énfasis vuelve constantemente al crecimiento más que al desplazamiento. Empezar de nuevo se convirtió menos en abandonar una versión anterior de sí misma y más en descubrir qué permanecía intacto bajo presión.
Nueva York intensificó ese proceso.
La ciudad llegó con su propia velocidad. Más rápida, más ruidosa y más exigente que cualquier cosa que hubiera experimentado anteriormente. Se convirtió tanto en un desafío como en un espejo.
"Nueva York tiene algo muy específico: su energía profundamente creativa", explica. "Estar expuesto a una ciudad que se mueve tan rápido y exige tanto te permite descubrir hasta qué punto eres capaz de adaptarte a un ritmo donde la creatividad y la visión artística deben ocupar el centro del escenario".
Encontrar un lugar dentro de ese ecosistema requirió más que visibilidad. Requirió paciencia. Como innumerables artistas que llegan a escenas desconocidas, se encontró repetidamente teniendo que establecer credibilidad desde cero.
"Sigue siendo un proceso que continúo navegando", dice. "Cuando tu nombre aún no es ampliamente reconocido, necesitas argumentos más sólidos para construir credibilidad. Ahí es cuando la disciplina, el talento y la pasión comienzan a hablar por ti".
La comunidad, en su opinión, a menudo se malinterpreta. Es fácil celebrar la conexión en teoría. Construirla en la práctica es más lento. La confianza se acumula gradualmente. Las relaciones se desarrollan a través de la constancia más que de la proximidad.
"Construir una escena se trata de crear conexiones y hacer que la gente se identifique con tu carácter, tu sonido y tu esencia. Buscar oportunidades es esencial, pero una vez que la puerta se abre, necesitas mostrar por qué puedes conectar con la gente de una manera genuina".
Muchos artistas que se mueven entre países describen una sensación fracturada de pertenencia. Briela no lo hace.
Rechaza la idea por completo.
"Nunca he sentido realmente ese nivel de identidad dividida", dice. "Veo cada experiencia como parte del proceso. En lugar de sentirme suspendida entre culturas, prefiero ver esas influencias como una fuente de inspiración".
La distinción importa. En lugar de crear distancia de sí misma, cada nuevo entorno parece haber reforzado lo que ya estaba allí.
En el centro de todo sigue estando Colombia.
No como nostalgia. No como un recuerdo preservado a distancia. Como una parte viva de su lenguaje artístico.
"Lo más importante es simplemente ser colombiana. No creo que alguna vez sea una influencia silenciosa porque es fundamentalmente quien soy".
Para Briela, esa influencia es emocional antes que musical. Existe en la forma en que aborda la pasión, la conexión y la expresión.
"Ser colombiana significa llevar una intensidad emocional fuerte y una increíble capacidad de sentir la pasión profundamente. La música es mi pasión, y ser colombiana me permite ser transparente, emocional y auténtica en mi carrera artística".
Esa intensidad es algo que todavía asocia más fuertemente con las pistas de baile de las que proviene.
Habiendo actuado en diferentes países y escenas, habla del público colombiano con particular afecto. No porque otras audiencias se sientan desconectadas, sino porque la relación entre el público y la música a menudo se revela de manera diferente allí.
"El nivel de expresión y aprecio por la música es especialmente visible allí", dice. "Puedes sentir verdaderamente la devoción en la pista de baile a través de la interacción eufórica del público y su compromiso emocional con la música".
Debajo del movimiento entre ciudades se encuentra otra realidad que la música electrónica rara vez discute abiertamente.
La independencia.
Detrás de cada actuación existe una capa de trabajo invisible. Correos electrónicos, logística, finanzas, networking, planificación. Para los artistas que operan sin mánagers, agencias o grandes estructuras de apoyo, esas responsabilidades nunca desaparecen.
"Cuando eres un artista más independiente, necesitas ser capaz de generar oportunidades y gestionarlo todo tú mismo", explica. "Las responsabilidades financieras, las relaciones públicas, la búsqueda de aceptación, y el agotamiento tanto mental como físico se convierten en realidades muy expuestas".
El glamour asociado a las carreras internacionales a menudo oculta estas realidades. La migración puede ser creativamente gratificante mientras exige resiliencia a diario. Ambas cosas pueden existir a la vez.
Ha habido momentos en los que el proceso se volvió agotador. No porque cuestionara quién era, sino porque la adaptación en sí misma requiere energía.
"Siempre he tenido muy claro quién soy y qué quiero comunicar a través de mi música", dice. "Para mí, la migración nunca ha significado cambiar mi identidad. Ha significado expandirla".
La distinción vuelve a aparecer.
Expansión en lugar de reinvención.
Crecimiento en lugar de ruptura.
Mirando atrás, Briela no describe una transformación cuidadosamente planificada. Los cambios llegaron gradualmente a través de la experiencia, la exposición y la necesidad. Las nuevas ciudades trajeron nuevas perspectivas. Las nuevas escenas exigieron nuevas habilidades. La evolución ocurrió casi inconscientemente.
Lo que permanece constante es la base que hay debajo.
"Siento que estoy en continua evolución mientras me mantengo conectada a la esencia de quien soy tanto como persona como artista".
Para Briela Veneno, la migración nunca ha tratado de convertirse en otra persona. Ha tratado de descubrir hasta dónde puede viajar un sentido de identidad sin perder su forma.
