LA MATRIA QUE SE NOS VA: CUANDO LA MÚSICA ELECTRÓNICA RESPONDE AL GRITO DEL AGUA
De los sets y la resistencia underground a la regeneración de Xochimilco
Llevo más de dos décadas en la escena electrónica underground global. He visto cómo esta
música ha sido, una y otra vez, el vehículo de la resistencia, la disidencia y la transformación
social. Desde los warehouse de Detroit hasta los clandestinos de Berlín, desde las fiestas
clandestinas de Nueva York hasta las salas más underground de la Ciudad de México: la
música electrónica siempre ha sido el latido del inconformismo.
Es por eso que lo que pasó cuando la Fundación Kalmekak decidió convertir los decibeles
en acción fue inevitable.
A veces, la revolución no grita. A veces, la revolución suena.
Los sonidos de la resistencia
Cuando André VII —Andrés Fernández, uno de los arquitectos más importantes del sonido contemporáneo de la Ciudad de México, productor y dueño de Platino Records y los espacios legendarios Bar Oriente y Xaman— se sentó a curar una noche especial, no estaba buscando llenar una dancefloor. Estaba buscando construir un espacio donde la música y la urgencia ambiental pudieran coexistir sin conflicto.
André VII es más que un productor. Es un guardián del sonido de CDMX, alguien que ha visto cómo la música electrónica en esta ciudad ha evolucionado desde sus raíces experimentales hasta convertirse en un movimiento cultural de resistencia. Sus producciones y curaciones son un reflejo de la complejidad de vivir en una metrópolis donde el agua desaparece y la tierra grita de hambre.
Pero lo que hace a André VII especialmente significativo para esta conversación es su alcance. Su música ha sido seleccionada y defendida por productores de renombre internacional: Seth Troxler, Jimi Jules, DJ Boring, Amelie Lens, Héctor Oaxa, Farrago, I Hate Models. Ha establecido un sonido que trasciende fronteras. Ha llevado la estética de la resistencia electrónica de CDMX a festivales como Sónar (España), Glastonbury (Inglaterra), Conciencia, Uforia Music Festival, SXSW, EDC Mexico, Vive Latino, The Social Festival, y ha tocado en los clubes más audaces del planeta: Katerblau, KitKat y Golden Gate en Berlín; Nitsa y Sala Apolo en Barcelona; Tunnel en Seúl; Air House Festival también en Seúl. Ha llevado su música a Estados Unidos, Francia, Italia, Países Bajos, Alemania, España, Costa Rica, Colombia, Guatemala, Perú y Argentina.
Es decir: André VII es un referente global de la música electrónica contemporánea. Y cuando decide usar esa plataforma, esa voz, para apoyar a Kalmekak, no es un gesto. Es una posición política clara.
En México, es un frecuente invitado en los clubes más influyentes: Bar Américas, Bar Oriente (que co-opera), Funk, Looloo, Topaz Deluxe, Disco Radar, Hardpop. Lugares donde la gente que ama la música electrónica underground va a escuchar a alguien que no solo toca discos. Alguien que piensa el sonido como resistencia territorial.
Junto a él, Rocco Desentis, ese eje oscuro entre el jazz virtuoso y el techno hipnótico, productor con más de quince años en la escena, cuyas síntesis entre funk/disco destructivo y techno envolvente han hecho que residencias en Bar Oriente y colaboraciones con sellos como Electrique Music lo posicionen como uno de los arquitectos más inteligentes del underground mexicano.
Rocco no es solo un DJ. Es un músico que usa la electronificación de la batería, del groove, como una forma de comunicación. Su presencia en cualquier set es una promesa: la noche será reflexiva pero salvaje, dura pero lírica.
Y luego está Musumeci. Mauro Di Martino, ese productor siciliano con tres décadas de trayectoria que ha trabajado desde finales de los 80s en la construcción de un sonido donde la balearic touch se funde con la especulación tecno pura.
Musumeci no es un extraño en México ni en la América Latina. Ha tocado en Tulum, en Careyes, llevando ese viaje introspectivo de deep house y techno experimental que lo define. Su música es el sonido del que pregunta por las cosas que no están bien y no encuentra respuestas fáciles.
El maestro: Samuel Avelino Luna
Pero hay un cuarto personaje en esta historia que no toca discos. No produce beats. No mezcla en mesas. Pero es el corazón absoluto de lo que Kalmekak representa.
Maestro Samuel Avelino Luna.
Chinampero. Guardián de una tradición que tiene casi mil años de antigüedad.
Cuando la Fundación Kalmekak estableció su “Chinampa Demostrativa” —un espacio educativo y productivo donde se pueden ver las técnicas ancestrales en acción— decidieron ponerla bajo el cuidado de Samuel Avelino Luna. No fue casualidad. Fue porque entendieron algo fundamental: que ningún movimiento de regeneración es posible sin los conocimientos, la experiencia y la dedicación de quien realmente ha mantenido viva esta sabiduría.
Samuel Avelino Luna representa la continuidad. Es el eslabón viviente entre Tenochtitlan y el futuro. Es el que sabe cómo preparar el fango lacustre, cómo plantar las semillas, cómo hacer que la chinampería sea productiva sin venenos. Es el que ha visto desaparecer a sus vecinos de la profesión, visto abandonarse tierra tras tierra, y ha seguido. Ha seguido trabajando. Ha seguido creyendo que esto es salvable.
Cuando André VII, Rocco Desentis y Musumeci tocaron para Kalmekak, tocaron para proteger precisamente esto: el conocimiento de Samuel. La permanencia de sus manos en la tierra. La posibilidad de que su tradición no desaparezca con él, sino que encuentre nueva vida en una comunidad que finalmente entiende que no se trata solo de una forma de cultivar. Se trata de una forma de ser.
El B2B como acto político
Cuando estos tres nombres convergen —André VII B2B Rocco Desentis B2B Musumeci—, lo que ocurre es más que una sesión de música. Es una concatenación de visiones. El B2B en música electrónica es, en su forma más pura, un diálogo. Es dos (o tres) artistas que creen en la misma dirección pero que no tienen por qué estar de acuerdo en el camino. Es tensión, es comunicación sin palabras, es la confianza absoluta de que el que está al lado va a elevar lo que acabas de dejar en el aire.
Cuando la Fundación Kalmekak convocó a estos nombres para una noche, no fue por casualidad. Fue porque entendieron algo fundamental: que la música underground en CDMX no es un escape del mundo. Es una conversación con el mundo. Es el único espacio donde podemos hablar de crisis hídrica, de chinampería en peligro, de un Valle que se nos muere, y encontrar que hay gente que no solo escucha sino que actúa.
De los decibeles a las chinampas
Porque aquí está la verdad incómoda: mientras André VII toca en Sónar y Glastonbury, mientras Rocco Desentis construye sus sonidos oscuros en Bar Oriente, mientras Musumeci experimenta con el techno en los rincones más audaces de Europa, el territorio mismo donde esta música sucede está desapareciendo.
Mientras la música electrónica de resistencia es exportada a festivales internacionales, Samuel Avelino Luna sigue trabajando sus chinampas con sus manos. Solo. Sin suficiente reconocimiento. Sin precios justos. Viendo cómo sus vecinos chinamperos abandonan la tradición. Viendo cómo sus hijos no ven futuro en la tierra.
No es metáfora.
Los humedales de Xochimilco —esos ecosistemas milenarios que hicieron posible Tenochtitlan, que alimentaron a millones, que guardaban el secreto de cómo vivir en armonía con el agua— están muriendo. De las 110,000 hectáreas originales quedan poco más de 2,500. Las chinampas, esa tecnología agrícola tan sofisticada que parece imposible que sea antigua, se abandonan año tras año. Los chinamperos reciben salarios injustos. Las nuevas generaciones no ven futuro en la tradición ancestral. Los humedales se degradan. El manto acuífero se agota.
Y mientras esto ocurre, nosotros —la comunidad de música electrónica, los promotores, los artistas, la gente que ama la ciudad y encuentra en la música una razón para creer que las cosas pueden ser diferentes— seguimos haciendo fiestas en una ciudad que se muere de sed.
Es inaceptable.
Es por eso que lo que Kalmekak hizo fue crucial. No fue una charity gig. No fue una sesión de “conscientización” light. Fue una declaración de que la música underground de CDMX se reinventa no como escape, sino como acción. Que André VII —cuya voz resuena en Berlín, Madrid y Barcelona— usa esa plataforma para gritar por Samuel Avelino Luna. Para gritar por las chinampas. Para gritar por el agua que desaparece.
Es una declaración: nosotros también sabemos que la resistencia sin acción es solo ruido.
TONANTZIN, EL AGUA Y EL FUTURO DEL VALLE
Érase una vez en la región más transparente del aire…
Sistemáticamente hemos lastimado a Tonantzin, nuestra Madre Tierra y verdadera Matria. Sin ella no habría dónde resguardarse del sol, no habría aire limpio ni agua para beber. Sin ella perderíamos el espíritu y la vida; sólo quedarían la muerte y la desolación para nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Todo está conectado. Nuestras acciones aquí y hoy tienen consecuencias directas sobre nuestra vida y la de las generaciones venideras. Así como nuestro cuerpo está compuesto principalmente por agua, también lo está el mundo que habitamos y el Valle donde vivimos.
Hoy enfrentamos una realidad ineludible: una crisis hídrica sin precedentes se acerca a la Ciudad de México. El agua podría agotarse mucho antes de lo que imaginamos. Lo que hagamos o dejemos de hacer en este momento determinará si seremos recordados como la generación que eligió la satisfacción inmediata o como aquella que decidió actuar por el bienestar colectivo y el futuro de sus descendientes.
Los dos grandes enemigos de esta crisis son la apatía social y la falta de visión de las autoridades.
LA PROBLEMÁTICA
Una crisis social, hídrica, ambiental y cultural
Cuando hablamos de la crisis del agua solemos pensar en presas vacías, tuberías secas o temporadas de sequía. Pero la realidad es mucho más profunda: estamos frente a una crisis social que afecta la calidad de vida, la salud, la economía y el futuro de millones de personas.
El agua no es solamente un recurso natural; es la base de toda comunidad humana. Donde falta agua, aumenta la desigualdad, se deteriora la salud, se debilita la producción de alimentos y se rompe el tejido social.
Hoy, en el Valle de México, estamos presenciando las consecuencias de siglos de desconexión entre la ciudad y los ecosistemas que históricamente la sostuvieron.
Mientras la población crece y la demanda de agua aumenta, los sistemas naturales que la generan y regeneran han sido abandonados, degradados o destruidos. El resultado es una ciudad cada vez más vulnerable, donde millones de personas enfrentan cortes de agua, abastecimiento irregular y una creciente incertidumbre sobre el futuro.
Sin embargo, esta crisis no afecta únicamente a quienes viven en las zonas urbanas.
También golpea directamente a las comunidades que durante generaciones han protegido el territorio, cultivado la tierra y mantenido vivo uno de los patrimonios agrícolas más importantes del mundo: la chinampería.
Los chinamperos enfrentan hoy una situación crítica:
• Reciben pagos injustos por sus productos, muchas veces inferiores al 10% del precio final de venta.
• Las nuevas generaciones encuentran cada vez menos incentivos para continuar con la actividad agrícola.
• El abandono productivo provoca el deterioro de las chinampas y los humedales.
• Se pierde conocimiento ancestral acumulado durante siglos.
• Se debilita la identidad cultural que dio origen a nuestra ciudad.
Cada chinampa abandonada representa mucho más que una parcela improductiva. Representa una familia que pierde oportunidades, una tradición ancestral que desaparece y un ecosistema que deja de cumplir su función vital para el Valle.
La situación es alarmante:
• De las 110,000 hectáreas originales de humedales quedan poco más de 2,500 hectáreas entre Xochimilco y Tláhuac.
• Si no actuamos, podrían desaparecer durante las próximas décadas.
• Su pérdida incrementaría la temperatura del Valle y aceleraría la crisis hídrica.
• La expansión urbana y los asentamientos irregulares han devastado gran parte de las áreas naturales protegidas.
• Sólo permanece activa una fracción de las chinampas existentes.
Lo que está en riesgo no es únicamente un ecosistema.
Está en riesgo la seguridad hídrica de millones de personas.
Está en riesgo una forma de producir alimentos sanos y locales.
Está en riesgo un legado cultural de casi mil años.
Y está en riesgo la posibilidad de que las futuras generaciones hereden un Valle capaz de sostener la vida.
La verdadera tragedia no sería quedarnos sin agua.
La verdadera tragedia sería perder la voluntad colectiva de proteger aquello que todavía puede salvarnos.
Porque cuando desaparece una chinampa, no sólo pierde un chinampero, perdemos todos.
CONTEXTO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO
Conceptos fundamentales
Chinampa
Estructura rectangular creada por el ser humano mediante varas, carrizo, fango lacustre, composta y materia orgánica, formando islas agrícolas rodeadas por canales y ahuejotes.
Humedales
Cuerpos de agua poco profundos que regulan la temperatura, capturan carbono y favorecen la recarga de los mantos acuíferos.
Mantos acuíferos
Formaciones geológicas subterráneas que almacenan agua y se regeneran mediante la infiltración de lluvia y la acción de los humedales.
La Gran Cuenca de México abarca aproximadamente 16,424 km² y comprende 100 municipios de los estados de México, Hidalgo y Tlaxcala, además de las 16 alcaldías de la Ciudad de México.
Dentro de ella se encuentran los valles de Apan, Tizayuca, Cuautitlán y México-Anáhuac.
Este último fue habitado desde hace más de 11 mil años y albergó los lagos de Texcoco, Xochimilco y Chalco, donde florecieron algunas de las culturas más importantes del centro del país.
Durante cientos de miles de años, el Valle funcionó como una cuenca endorreica, es decir, una cuenca cerrada sin salida al mar, naturalmente destinada a inundarse.
Fue en este entorno lacustre donde los xochimilcas desarrollaron uno de los sistemas agrícolas más extraordinarios de la humanidad: la chinampería.
Gracias a este modelo productivo fue posible alimentar a Tenochtitlan y a gran parte del Valle de México durante siglos.
Además, las lluvias provenientes de las montañas circundantes recargaban permanentemente los mantos acuíferos, garantizando abundancia de agua limpia.
Sin embargo, todo cambió a partir de 1521.
Durante más de cinco siglos se tomaron decisiones que alteraron profundamente el equilibrio hídrico del Valle:
• Se destruyeron sistemas hidráulicos indígenas.
• Se desecaron lagos para controlar inundaciones.
• Se entubaron manantiales.
• Se impulsó una expansión urbana acelerada y sin planeación.
Hoy, los últimos remanentes de humedales sobreviven principalmente en Xochimilco, reconocidos como Patrimonio Mundial por la UNESCO y como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial por la FAO.
La solución para recuperar el agua del Valle sigue estando donde siempre estuvo: en el ciclo virtuoso entre chinampas, humedales y mantos acuíferos.
LA SOLUCIÓN
Regenerar el Valle a través de la Chinampería
La solución es clara:
Volver la chinampería económicamente rentable, socialmente valorada y ambientalmente sostenible.
Al recuperar la productividad de las chinampas se regeneran los humedales; al regenerar los humedales se recargan los mantos acuíferos; y al recuperar los mantos acuíferos se protege el futuro hídrico del Valle de México.
Por ello, la Fundación Kalmekak impulsa un modelo de membresía que:
• Paga directamente a los chinamperos hasta tres veces más que los canales convencionales de comercialización.
• Elimina intermediarios y coyotaje.
• Garantiza prácticas tradicionales libres de agroquímicos y plaguicidas.
• Ofrece productos cosechados apenas un día antes de su entrega.
• Conserva un ecosistema agrícola, social y cultural con casi mil años de historia.
Cada compra ayuda a mantener viva una chinampa, proteger un humedal y regenerar agua para el Valle.
Lo que hace Kalmekak es importante precisamente porque no es un gesto.
Es un modelo.
Una comunidad que crece (11,000 seguidores en Instagram, 131 publicaciones, contenido que va desde educación ambiental hasta eventos culturales) y que funciona bajo el lema: “In Xochitl In Kuikatl” — “En la flor y en la canción”, evocando la filosofía nahua. Su llamada es clara: ”¡Vúelvete miembro!: Consume de las chinampas y regenera el agua potable.”
No es una charla TED. No es un documental. Es acción. Es cada semana, cada día, gente consumiendo, regenerando, protegiendo.
LOS TRES PILARES DE KALMEKAK
1.- Membresía Kalmekak
Acceso a hortalizas cultivadas mediante métodos tradicionales chinamperos, fortaleciendo directamente la economía de los productores.
2.- Tonantzin-Atl (Madre Tierra – Agua)
Restauración integral de las chinampas participantes mediante acciones de recuperación de suelo, agua, flora y fauna, acompañadas por un equipo especializado de biólogas.
3.- Tlahtolli (La Palabra)
• Sensibilización y educación ambiental.
• Difusión de la problemática hídrica y ecológica.
• Promoción de políticas públicas y marcos jurídicos que protejan y regeneren la región.
CIERRE
El objetivo es claro: lograr que todas las chinampas existentes vuelvan a ser productivas y que sus cosechas alimenten nuevamente al Valle.
Al trabajar las chinampas restauramos los humedales. Al restaurar los humedales protegemos los mantos acuíferos. Al proteger el agua aseguramos el futuro de nuestras comunidades.
Si las nuevas generaciones crecen sin conocer ni apreciar la naturaleza, difícilmente podrán comprenderla. Y si no la comprenden, no la protegerán.
No esperemos caudillos ni salvadores.
Nosotros somos el caudillo.
Nosotros somos el salvador.
La música electrónica underground de esta ciudad entendió algo hace poco: que la resistencia sin acción es solo ruido. Que cuando André VII, Rocco Desentis y Musumeci convergieron en un set para Kalmekak, no estaban tocando por tocar. Estaban tocando por el agua. Estaban tocando por Samuel Avelino Luna y sus chinampas. Estaban tocando por un maestro que ha dedicado su vida a mantener viva una tecnología agrícola que puede ser nuestra salvación.
Eso es lo que significa ser underground en 2026. No es solo música.Es la insurrección del territorio mismo. Es reconocer que la resistencia estética solo tiene sentido si se convierte en resistencia territorial. Si protege al maestro. Si regenera la tierra. Si salva el agua.
Luchemos por recuperar la grandeza del Valle de México.
Junto con los chinamperos como Samuel Avelino Luna, seamos guardianes de las chinampas, de los humedales y del agua.
Hemos convertido este Valle de la abundancia en un Valle de lágrimas.
¡Recuperémoslo!
¡Viva la Ciudad de México-Tenochtitlan!
¡Viva el Valle de México-Anáhuac!
¡Viva la música que se atreve a actuar!
¡Viva México!
